EL MOLINO DE ARROZ
Un edificio importante es el Molí d’arròs, actualmente conocido como molino de los Català. La primera noticia de este molino la encontramos en una referencia de un acta de defunción firmada el 5 de Agosto del año 1736, entonces el molino era conocido como "el molino de los Mayans". A finales del siglo XIX, más concretamente en 1890, las instalaciones del molino fueron alquiladas a Fernando Català Ferrando.
Finalmente, el 16 de Julio de 1945, los diferentes propietarios del molino vendieron al hijo de Fernando Català, Vicente Català Peiró. Desde entonces y hasta la actualidad, cinco generaciones han pasado por el molino. El edificio del molino, aunque lógicamente ampliado, conserva parte de la estructura y dependencias del molino del siglo XIX. Este molino, que recibe el agua de la acequia madre de Oliva, tiene un lagar de 1.78 m de diámetro. Los Català también conservan la maquinaria antigua, que sería la envidia de cualquier museo: un lagar con turbina, dos muelas de harina de maíz y tres de moler arroz, entre otros artefactos.
Como anécdota de esta maquinaria, contaremos que en 1912 un tal Ramon Valls Moreno, propietario de un molino arrocero en Játiva, compró en Madrid una flamante máquina alemana: R. Wolf Magdeburg-Buckaw n º 73; con todos sus accesorios, con su tubería de escape, para trabajar a alta presión, con su hogar de parrilla escalonada para quemar cascarillas de arroz, un filtro para el aceite, la correa de transmisión, eje y cojinetes que van unidos a la misma... casi nada! Cuando la máquina ya tenía diez años de funcionamiento, la compró Fernando Catalán Barber para su molino de arroz y harina con 23.000 pesetas, y como garantía, el comprador le reclamaba al vendedor las 1.000 pesetas de reparación.
Según nos cuenta uno de los actuales propietarios, Fernando Català, el molino trabajó desde aquel 1890 hasta los años '40 del siglo pasado, con el arroz procedente de Pego y de la Ribera Baja.
Actualmente, el arroz que entra al molino proviene de los centros productores de Valencia. Pero, aparte de arroz, el molino aprovechó uno de los motores que bombeaba agua a la instalación del molino, para producir luz eléctrica para el pueblo a lo largo de la primera mitad del siglo pasado.



